Santo Domingo, República Dominicana.- Para Mario Díaz fue muy dolorosa la partida de su padre, Manuel Emilio Díaz Linares, en 1980.

Tanto, que escribió unas 40 o 50 canciones dejando brotar su dolor, pero ninguna las ha comercializado. No puede ni le interesa. Con el tema de la paternidad solo ha compuesto la salsa titulada “Para papá”, a solicitud de un querido amigo.

Todavía lo recuerda con nostalgia (y tristeza) al transitar por la avenida Francisco Alberto Caamaño, popularmente conocida como Del Puerto, porque allí trabajaba su papá.

Su padre, obrero portuario, fue y será su ídolo, y vive tratando de poner en práctica lo que le enseñó.

 

“Siempre fui muy apegado a mi padre, quien era muy correcto, pero amoroso con todos, y lo recuerdo con su maletín en ristre rumbo al puerto capitalino, donde laboraba, y regresando a casa en la tardecita, con una funda de pan o con víveres al hombro. Papá me dejó esa grata costumbre de llegar a la casa con alimentos para la familia”, dice, al referirse a su progenitor.


Mario, reconocido compositor dominicano de fama internacional, creció en el seno de un humilde hogar donde abundaban las buenas costumbres, el amor al trabajo y las canciones de artistas emblemáticos del bolero, el danzón, el son, el merengue, la balada, la salsa, música instrumental y artistas cristianos, pues su madre, Argentina Arias Sepúlveda, era evangélica pentecostal. También ella está junto al Todopoderoso desde el 2020.


“Solo soy un reflejo de esa crianza y amo vivir tranquilo y estar en mi casa haciendo cualquier cosa”, asegura, evidenciando su apego al concepto de familia que concibe, el núcleo donde se desarrolla el ser humano.

Revitaliza su memoria. Recuerda su vida de pequeño junto a una familia numerosa de ocho hermanos. Tres de ellos ya eran mayores cuando él nació. A su madre la define como una mujer de carácter fuerte, pero cariñosa, que los cuidaba “como una leona protege a sus cachorros”.

Cuando a Mario le tocó formar familia, su deseo era asemejarse al modelo en el que creció, pero la vida le condujo por otros senderos. Ha tenido tres matrimonios, fruto de los cuales han nacido sus hijos, a quienes se refiere como una bendición que agradece a Dios.

Su primera experiencia cambió su perspectiva y su manera de asumir la vida, pero nunca dejó de asumir su responsabilidad como padre, de modo que esa esencia familiar que llevaba consigo, la crianza en base a amor, respeto y honestidad se ha aplicado en cada caso, pues para él “la paternidad es una responsabilidad permanente con una criatura que Dios nos regaló. Ser padre es, por tanto, una bendición”.

A su juicio, el trabajo de los padres es fortalecer las bases con las que los hijos formen su personalidad. “Si en ese trayecto nada se tuerce, podemos dormir tranquilos, pues ellos serán hombres y mujeres de bien. En tal sentido, puedo dormir tranquilo, gracias a Dios”.

De sus hijos habla con orgullo. “Tuve seis hijos (Tanya Jessymel falleció a los tres días de haber nacido), pero solo me quedan cinco: Melody Arlenne (33 años), Wilver Omar (29), Giorver Manuel (22), Beira Jessymel (17) y Jackmar Emil (16)”.

Con Giorver y Beira, que residen en Ecuador, su contacto es esporádico, y con sus demás vástagos mantiene una comunicación constante y muy estrecha.

Wilver y Melody son fruto de su primer matrimonio y residen en Nueva York desde que eran adolescentes.

De acuerdo a su padre, Melody siempre fue una niña muy talentosa, tranquila, cariñosa y estudiante sobresaliente. Es licenciada en Artes Modernas, actriz y modelo profesional. Labora como profesora en un prestigioso colegio para niños especiales.

A Wilver, Mario lo define como un niño muy talentoso y cariñoso también, pero igual de travieso y experto destructor de juguetes. Hoy, es licenciado en Justicia Criminal y desde hace unos pocos meses labora en la policía neoyorquina.


“Giorver y Beira, nacidos en mi segunda unión marital, residen en Ecuador. Él se dedica a la publicidad y ha sido un destacado atleta de la natación, mientras que ella estudia y tiene también (como mis demás hijos) talento musical. De mi actual relación matrimonial nació Jackmar Emil, quien jugaba béisbol y da sus primeros pasos como estudiante de locución”.


Al centro, Mario junto a su primogétina, Melody y su nieta Heavenly; a su izquierda sus hijos Jackmar Emil (el menor) y Wilver.

Giorver era muy alegre y también hacía sus travesuras infantiles. Beira, muy cariñosa y risueña, refiere su padre.

“Emil es muy inteligente, tranquilo, obediente y cariñoso. Es muy buen estudiante», dice, para luego agregar: «Me recuerda mucho a Wilver porque también era un destructor de carritos”.

Mario Díaz también es el feliz abuelo de Heavenly Arlenne (hija de Melody), Noelia y Wesley (hijos de Wilver), todos nacidos en Nueva York, y a quienes planea visitar muy pronto.

Para él esta es una etapa de importancia capital, pues deberá aprovechar al máximo el contacto con sus tres nietos, de cuyas vidas ha estado un poco ausente de forma física por su imposibilidad de viajar, al haber dejado vencer su visado y no renovarlo durante 15 años.

He sido un abuelo desafortunado, pues mis tres nietos nacieron y residen en Nueva York. Por ejemplo, a mi primera nieta (Heavenly) la pude cargar cuando la vi por primera vez, en Santo Domingo, y ya ella tenía unos seis años de edad. A Heavenly, que ya tiene casi 11 años, la he visto varias veces, porque Melody siempre viaja con ella, pero a Noelia y a Wesley aún no los he visto en persona.

Y para quienes también tienen la bendición de ser padres y abuelos, Mario comparte unos consejitos:

  • Mantenerse siempre cerca de sus hijos en todo (que vean juntos programas y películas en TV, que los lleven de paseo, que se diviertan unidos…);
  • Alejarlos de mensajes perniciosos y de personas de conducta indeseable;
  • Ocuparles el tiempo (hay muchísimos cursos gratuitos en las redes y en instituciones ofrecen actividades e instrucción en diversas ramas del arte y la cultura);
  • Inculcarles el amor y el respeto por las buenas costumbres, la patria, la familia, la amistad sincera, el medio ambiente…
  • Cuidar bien con quiénes se juntan los hijos y procurar encaminarlos por la ruta de la máxima calidad en todo cuanto enfrenten: la música, las canciones, los artistas, el pensamiento político, la responsabilidad ciudadana, las relaciones con los demás…