Santo Domingo, República Dominicana.- El periodista es, sobre todo, un ser humano que en su ejercicio se expone de manera recurrente a situaciones difíciles que pueden impactar negativamente su salud mental, su seguridad y hasta su existencia.
De hecho, en lo que va de año, ya han perdido la vida 17 periodistas y personal de medios, según cifras de la Federación Internacional de Periodistas (FIP).
Plazos ajustados y la presión del tiempo; la cobertura de eventos traumáticos, las altas expectativas y demandas del público, un entorno de trabajo muy competitivo, así como su función multitasking, en la que debe manejar el pluriempleo, la familia, la pareja o las relaciones sociales son el caldo de cultivo perfecto para desencadenar un trastorno de salud mental.
Un ejemplo fue la pandemia de Covid19, cuya cobertura sometió a los periodistas y trabajadores de la prensa a niveles de tensión sin precedentes “poniendo a prueba sus condiciones psicosociales así como la capacidad de los/as editores y los sindicatos para identificar y apoyar a los/as trabajadores/as que sufren problemas de salud mental”, refiere la FIP.
De acuerdo a la encuesta “Periodismo y pandemia: una instantánea global de sus impactos”, realizada en 2020 por Julie Posetti, Emily Bell y Pete Brown y publicada por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) por sus siglas en inglés (International Center for Journalists), el impacto psicológico y emocional de afrontar la crisis del Covid-19 fue lo más difícil de su ejercicio para el 70% de los 1,406 encuestados.
Asimismo, el 82% de estos, informó al menos una reacción emocional o psicológica negativa como resultado de la pandemia, datos que también confirman estudios de la FIP, Reuters y otras organizaciones al señalar que en este periodo aumentaron en los periodistas los trastornos de sueño, ansiedad, estrés o depresión, agotamiento, entre otros.
En fin, han sido muchos los periodistas en todo el mundo que han llorado frente a las cámaras, se muestran evidentemente perturbados o simplemente no han podido hacer su reporte por estar emocionalmente afectados.
El cuadro se complica si los profesionales del periodismo no saben equilibrar su responsabilidad de informar sobre temas sensibles y su propia salud emocional, pues estas afecciones no son exclusivas de la redacción. Se van a los hogares y afectan la dinámica de la familia.
En la mayoría de los casos, la misma cotidianidad impide que este profesional se percate de su condición y por lo tanto no puede gestionarla adecuadamente. Pero aun se haga consciente de que necesita atención, el propio individuo la va postergando o simplemente decide no acudir al especialista.
Una de las principales causas es el estigma asociado a trastornos mentales.
Recursos y apoyo
¿Pero, sería diferente si en sus respectivos medios se les ofreciera recursos y apoyo? Podrían ser aspectos como programas de bienestar, servicios de asesoría in house o externa, formación sobre el tema o un círculo de apoyo entre colegas.
La respuesta es sí.
En los medios podría haber una serie de recursos que los mismos periodistas desconocen, pues lo lógico es que las empresas se preocupen por promover prácticas saludables para mantener un equilibrio emocional en el entorno de trabajo.
Sandra Fernández, psicóloga clínica con maestría en Gestión Humana, refiere que ya muchas de las empresas e instituciones del país han establecido la salud mental para el personal como un departamento integral en su estructura organizacional, producto de una corriente que inició hace más de una década.
“Si partimos de que la salud mental es, de acuerdo a la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad, podríamos asumir que cualquier afección de este tipo es responsabilidad exclusiva del individuo”, refiere la psicóloga Sandra Fernández.

Sin embargo, advierte, existe una responsabilidad social estructural que debe brindar las condiciones y herramientas a este sujeto para que logre ese estado de bienestar y eso involucra, definitivamente, al Estado, a la empresa para la cual labora y a su círculo de compañeros de trabajo.
Y como el periodista o trabajador de la prensa permanece muchas horas en el ambiente laboral, sugiere a todo el personal de un medio de comunicación cuidarse unos a otros y estar pendientes para poder detectar a tiempo cualquier señal que contribuya a identificar un caso de salud mental en un integrante del equipo.
A veces la persona que sirve el café es quien se puede dar cuenta de cambios en el estado de ánimo o el comportamiento de un periodista. Un compañero de labores se puede percatar de que alguno de sus colegas está teniendo problemas de concentración, por ejemplo, o con el apetito.
Sandra Fernández
Menciona además, en la lista de señales, los problemas de sueño, la fatiga persistente, el aislamiento social, expresiones y sentimientos de desesperanza o desesperación, pensamientos obsesivos o compulsivos, dificultades en las relaciones, cambios en la percepción de la realidad, arrebatos de ira, entre otras.
Para que los periodistas de manera individual puedan gestionar cualquier situación, Sandra Fernández recomienda prestarse atención y si llegan a identificar alguna de estas señales, en primer lugar, despojarse del estigma, acudir al especialista y no subestimar el poder de la terapia.
Asimismo, Investigar qué recursos tiene la institución para la que trabaja, buscar con quién hablar entre sus colegas y recordar que la vida es mucho más que su trabajo, por lo que es saludable practicar algún deporte, preferiblemente no agresivo y realizar caminatas al aire libre.
En el caso de la empresa, Fernández insta a fomentar la comunicación abierta, ofrecer programas de bienestar, apoyar el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, proporcionar espacios de descanso, ofrecer recursos para la gestión del estrés, incentivar pausas cortas, promover la flexibilidad laboral, el reconocimiento y la gratitud, proporcionar acceso a recursos de salud mental ofreciendo información constante sobre estos, crear un ambiente de trabajo positivo e incentivar actividades sociales.