Guayacanes, San Pedro de Macorís, República Dominicana. Confiados en la promesa de una vida tranquila, segura, con acceso a servicios exclusivos y un entorno diseñado para el disfrute y la recreación familiar, desde hace más de cuatro décadas, dominicanos y extranjeros decidieron invertir en el proyecto Miramar Country Club.
Sin embargo, el tiempo fue pasando y ese sueño de bienestar se quedó en el olvido. El sueño se ha convertido en pesadilla.
Propietarios del proyecto, ubicado a 45 minutos del centro de Santo Domingo, denunciaron el abandono prolongado y el incumplimiento sistemático en el suministro de los servicios básicos.
Luis Felipe Cartagena, presidente de la Junta de Vecinos Mariposas, que representa a los habitantes de esta comunidad, calificó la situación como “crítica” y recordó que desde 2012 han enviado múltiples comunicaciones a la empresa desarrolladora del proyecto sin obtener respuestas concretas y valederas.
“Hace tres años solicitamos formalmente la instalación de 150 lámparas y mantenimiento de igual cantidad de postes de luz y 20 adicionales, compromiso que fue aceptado verbalmente, pero nunca se materializó…Todo se ha quedado en promesas. Prometer y no cumplir es una falta de respeto a quienes han invertido aquí su patrimonio, su tiempo y su esperanza de una vida con calidad”, afirmó Cartagena.
Proyecto con alto valor arquitectónico
Miramar Country Club fue diseñado por un reconocido arquitecto de apellido Mella, responsable también de la construcción del sector Los Cacicazgos en Santo Domingo, refiere Cartagena, al informar que el proyecto cuenta con 1,650 solares, pero solo tiene 30 viviendas.
“El bajo nivel de ocupación se debe principalmente a la falta de infraestructura esencial: calles asfaltadas, iluminación, señalización, agua potable, seguridad y mantenimiento de las áreas de esparcimiento”, indicó.
Actualmente, la Casa Club, que antes ofrecía el atractivo de la piscina, restaurante y áreas recreativas, permanece cerrada y en avanzado estado de deterioro, limitando las opciones de esparcimiento para los residentes y sus visitantes.
Cansados de promesas incumplidas
Cuando los esposos Rafael Domingo Capellán y Santa Aquino, decidieron regresar al país, vieron en este residencial una opción para vivir con tranquilidad. Hoy, 20 años después no piensan lo mismo. Ambos, expresaron su frustración ante el abandono y la falta de interés de los propietarios del proyecto. “Solo hemos recibido promesas; nos aseguraron que este proyecto iba a ser una maravilla, pero llevamos más de 20 años aquí sin ver ningún cambio. No tenemos calles asfaltadas, no llega bien la luz y ni siquiera las calles están identificadas”.
Santa Aquino hizo hincapié en que la falta de señalización obliga a los residentes a improvisar métodos para orientar a las visitas. “Para recibir a nuestras familias e invitados tenemos que buscarlos a la entrada principal o poner alguna señal en los árboles que les oriente para que puedan llegar”.
El problema se agrava por la ausencia de iluminación nocturna, lo que obliga a que solo puedan recibir visitas durante el día.
Electricidad inestable y daños materiales
Otro reclamo de los vecinos es el deficiente servicio eléctrico. “Los apagones son frecuentes, las variaciones de voltaje y el deterioro de los cables por falta de mantenimiento han causado daños materiales a varias viviendas, incluyendo la mía”, explicó la francesa Dominic Guittón.
Guittón, quien compró su terreno en 2006 relató que su primera casa se incendió tras la explosión de un transformador, situación que ocasionó daños a varios equipos eléctricos.
Además, los residentes del proyecto sostienen que el mal estado de las vías es una preocupación constante. Jason de los Santos, residente desde 2009, denunció que las calles sin asfaltar generan daños continuos en los vehículos y limitan la movilidad. “Nos sentimos estafados, esto es un caos, se nos dañan los trenes delanteros, las gomas, las bujías. Ese es el diario vivir de nosotros aquí”.
También, la reducción progresiva del servicio de seguridad privada los ha obligado a organizarse para proteger sus vidas, hogares y bienes materiales, ya que han sido víctimas de robos y atracos.
Impacto social y económico
“Estamos ante el primer proyecto de estafa inmobiliaria que en esa época de los años 70-80 se realizó sin reclamo en el momento”, afirmó Cándido Simó, asesor legal de la Junta de Vecinos Mariposas.
Rafael Santiago, Ramón Ventura Castellanos, los esposos Eddy Rosa Páez y Nora Rosa Páez coinciden que el abandono de los servicios básicos no solo afecta la calidad de vida de quienes viven en Miramar Country Club, sino que también desmotiva la inversión inmobiliaria y el desarrollo turístico en la zona, a pesar de su cercanía con San Pedro de Macorís, La Romana y Punta Cana, principales polos turísticos del país, a 15 minutos del aeropuerto y 45 minutos del centro de la ciudad de Santo Domingo.
Ana Cristina Rodríguez, aseguró que en los planos se vendió la promesa de un campo de golf y una pista de despegue y aterrizaje de helicóptero, lo cual tampoco figura entre los beneficios colectivos.
“A los dueños los hemos convocado a varias reuniones; hemos levantado una junta de vecinos para formar fuerza para que los dueños cumplan sus promesas de venta. En el caso de la energía eléctrica son los mismos propietarios los que han iluminado sus frentes. Nos duele decir que en la esperanza de estos beneficios muchos han fallecido, los hijos han heredado sus terrenos y no han visto ningún avance”.
Sin embargo, aseguró que los propietarios sí han invertido en otros proyectos como Colinas del Oeste, en Santo Domingo ,“pero aquí no, por eso, la indignación porque hay personas que se han quedado con su dinero estancado”.
Acciones legales
Ante la falta de respuestas, los integrantes de la Junta de Vecinos Mariposas evalúan llevar el caso a Pro Consumidor, Pro Usuario o a las instancias correspondientes a los fines de que se cumpla con lo prometido.
Los residentes advirtieron que continuarán sus reclamos hasta que la compañía Miramar Country Club y sus representantes, Leslie Cabrera y Ulises Cabrera den soluciones válidas. “No pedimos favores, tampoco es nuestro interés dañar a nadie, pero exigimos lo que se nos prometió cuando compramos aquí”, reiteraron.













































