Emmen, Países Bajos.- Cuando llega la primavera, Europa parece cambiar de rostro. Todo vuelve a la vida: los paisajes se transforman en un mosaico de colores. Es una estación que invita a salir, caminar y redescubrir la naturaleza.

Por eso quiero compartir tres jardines florales que me han cautivado por su belleza, su historia y majestuosidad. Son lugares ideales para quienes ya están en Europa o planean visitarla en primavera, y que incluso pueden combinarse en un mismo itinerario gracias a la relativa cercanía entre ellos y la coincidencia en los momentos más espléndidos de su floración: Keukenhof, los Jardines de Monet y el Jardín Japonés de Hasselt.

Aunque el colorido de la naturaleza no se limita a los jardines, ya que también se pueden apreciar simplemente caminando por calles o parques libres, considero estos tres espacios verdaderas obras de arte que todo amante de flores debería visitar al menos una vez en la vida.

Keukenhof, el jardín de Europa

El Keukenhof, conocido como el jardín de Europa, es el jardín floral más famoso del continente. Fue establecido en el huerto del castillo de Jacoba de Bavier. De ahí proviene su nombre, ya que Keukenhof significa literalmente «Jardín de la cocina» en neerlandés.

Abierto al público desde 1950, Keukenhof se transforma cada primavera en un auténtico espectáculo sensorial. Alrededor de siete millones de bulbos de tulipanes, jacintos y narcisos y lirios son plantados cada año, los cuales se pueden disfrutar a través de caminatas por los senderos que serpentean entre las flores, distribuidos en un área de 32 hectáreas. Además, tiene pequeños lagos y un canal donde se puede realizar un paseo en bote.

Cerca de cien empresas productoras de tulipanes ofrecen sus bulbos para las exposiciones, y un equipo especializado diseña la exhibición tomando en cuenta los colores y las alturas de las plantas, así como sus momentos de floración. Se exponen, asimismo, esculturas al aire libre y se realizan presentaciones musicales. Debido a que los diseños florales y los espectáculos varían anualmente, cada visita se aprecia como nueva.

Por ello, hay personas que año tras año se dejan sorprender. En 2025, el parque recibió más de 1.4 millones de visitantes, de los cuales cerca del 80 % eran turistas internacionales procedentes de más de cien países.

Keukenhof se encuentra en Lisse, no lejos de Ámsterdam, en los Países Bajos. Cuenta con transporte público especial desde el aeropuerto para facilitar la llegada de los visitantes, ya que muchos de ellos llegan al país especialmente para conocer este parque, el cual está abierto desde mediados de marzo hasta mediados de mayo. Sugeriría reservar un día completo para perderse con calma entre las flores, tomar un refrigerio rodeado de tulipanes y hacer muchísimas fotos.

Los jardines de Monet

Este jardín fue diseñado por uno de los máximos exponentes del impresionismo, el pintor francés Claude Monet. Caminar por este jardín es como entrar en una sus pinturas. Él lo diseñó en lo que originalmente era el huerto de su casa en Giverny. Se le ocurrió que en lugar de buscar paisajes que le inspirasen, los crearía él mismo. Así convirtió su huerto en un jardín lleno de perspectivas, colores y juegos de luz. De modo que creó sus obras dos veces: primero en el jardín y luego en el lienzo.

Durante los últimos veinte años de su vida, este lugar se convirtió en su principal fuente de inspiración. Aquí pintó la famosa serie The Water Lilies (Los nenúfares), compuesta por cerca de 250 cuadros, donde capturó los reflejos del agua, la luz cambiante y la atmósfera de su estanque.

Abre del 1 de abril al 1 de noviembre, aunque la primavera es la época mejor por la explosión de color que el jardín experimenta. Cada año recibe alrededor de medio millón de visitantes y se encuentra en Giverny, a menos de 90 kilómetros de París.

Está dividido en dos espacios principales y diferenciados entre sí: el Clos Normand y el Jardín Acuático. El Clos Normand, frente a la casa, es un jardín de flores, en el que se destacan tulipanes, iris, rosas y glicinas. En primavera, los senderos se convierten en auténticos pasadizos y túneles llenos de color que nos hacen sentir como si una pintura impresionista ha cobrado vida ante nuestros ojos.

Mientras, el jardín acuático tiene una inspiración japonesa. Allí aparecen pequeños puentes, sauces llorones, un pequeño bosque de bambú y nenúfares que flotan sobre el estanque. El lugar más emblemático  es el puente verde cubierto de glicinas, que inspiro muchos de los cuadros de Monet en su serie The Water Lilies.

Jardín Japonés de Hasselt

Los dos jardines anteriores se concibieron con la idea de exhibir flores en áreas que servían de huertos para sus respectivos dueños. Este, en cambio, surgió para estrechar las relaciones de amistad de dos comunidades: la ciudad belga de Hasselt y la ciudad japonesa de Itami, que se convirtieron en ciudades hermanas en 1985. En el marco de es acuerdo de confraternidad, Japón ofreció construir un jardín tradicional, abriendo sus puertas al público en el 1992.

Considerado como el jardín japonés más grande de Europa, su diseño recrea fielmente la estética tradicional japonesa, con estanques, cascadas, casas de té y sus típicos puentes de madera. El ambiente invita a caminar sin prisa, escuchar el sonido del agua y dejarse llevar por la tranquilidad del paisaje.

Imagen de Ben Kerckx en Pixabay.

En primavera este paisaje adquiere su máximo esplendor. Alrededor de 250 cerezos japoneses florecen y tiñen el paisaje de tonos rosados y blancos, recreando el ambiente del tradicional hanami, la costumbre japonesa de contemplar la floración de los cerezos.

Este jardín tiene una superficie de 2,5 hectáreas. Está disponible al público del 1 de marzo al 31 de octubre, siendo a principios de abril el momento ideal para visitarlo, justo en la época en que los cerezos florecen.