Santo Domingo, República Dominicana.- Era un día lluvioso. Llegamos a la cita con un poco de premura paraguas en mano. Ya nos esperaba en la puerta de la casa doña Guillermina, quien con una amable sonrisa nos invitó a pasar a la sala donde se encontraba su compañero de vida, don Pedro.
Luego de los respectivos saludos, cada uno tomó asiento en el mueble de su preferencia. El lugar estaba cargado de recuerdos de la vida familiar de los Rubio Lockhart, quienes procrearon ocho hijos, siete de ellos varones, la única hembra falleció cuando apenas tenía mes y medio de nacida.
A seguidas, iniciamos una amena conversación en la que doña Guillermina nos narró su experiencia cuando se convirtió en madre por primera vez. “Fue una experiencia maravillosa, me iniciaron los dolores de parto y mi esposo me llevó a dar a luz al hospital del seguro Salvador B. Gautier. Allí la doctora que me recibió me explicó lo que debía hacer hasta que llegara el momento del parto. Luego nació mi criatura, fue un varón al que pusimos por nombre Pedro Geraldo. Me lo pusieron en la cama y en seguida comenzó a llorar a todo pulmón. Jajajaja le dije: pero muchachito, llegaste al mundo y ya estás peleando, tú no vas a ser fácil”.
“Aunque se portó así al nacer, Pepé como lo llamamos de cariño, fue un niño tranquilo y obediente. Era muy comelón y si le daba comida eso lo hacía feliz”. Ríe.

Luego vino su segundo hijo, Reyes Guillermo, «otra gran bendición y alegría para la familia», que según nos cuenta, celebraron casi igual que el primero.
«Todos los hijos se quieren con un enorme amor, pero este es el que más se ha identificado conmigo. Siempre ha sido muy cariñoso y ha estado al pendiente mío. Él vive en los Estados Unidos, pero siempre que tiene tiempo me llama y me pregunta por mi salud y si tengo los medicamentos necesarios. Que si estoy bien”.
El tercero que llegó para aumentar la familia fue bautizado con el nombre de Ramón Inocencio. “El más bulloso de todos. El que arma los canes y cuando inicia una conversación no quiere que más nadie hable. Es súper bulloso y travieso, Jajajajaja, pero es cariñoso y se preocupa por mí”, manifiesta doña Chichí, como la llaman de cariño.
Uno de los momentos más difíciles por los que ha tenido que pasar junto a su familia fue el fallecimiento de su única hija, que nació con varias complicaciones de salud y falleció al mes y medio. Sin importar el tiempo que ha pasado, su madre la recuerda como el primer día.
“Cuando mi hija nació fue una gran celebración. Los vecinos, mis hijos, mi esposo, toda la familia estaba tan contenta, porque por fin había llegado la hembra tan esperada. La celebración nos duró muy poco. La pérdida de un hijo nunca se supera. Es como si te arrancaran un pedazo de tu vida. Nunca he podido superar esta pérdida”, afirma con gran nostalgia.
Hace más de 25 años doña Chichí tuvo que volver a pasar por la amarga experiencia de perder un hijo. La imprudencia de un conductor ebrio le quitó la vida a su cuarto hijo varón, Moisés Francisco”. Al revivir los recuerdos de la tragedia, es inevitable que afloren las lágrimas y la tristeza en esta madre.
Dentro de toda esta tristeza, a doña Chichí le quedó una alegría que la impulsaría a seguir adelante. La única hija procreada por Moíses, Jenni Carola. La familia Rubio Lockhart la crió como su hija. Esta tiene dos hijos que llenan de alegría a sus bisabuelos.
Le siguen a Moisés, Marcos Alejandro, Kelmis Javier y el menor, Wilfrido Fabián.
Durante estos 60 años de casados, doña Chichí y don Pedro han incentivado en sus hijos la unión familiar. Siempre se reunían en Navidad y hacían una gran cena. En ocasiones venían familiares y la época más esperada por los muchachos eran los reyes. “Mi esposo comenzaba a comprar los juguetes meses antes y siempre esperaban esta fecha con gran ilusión”, dice doña Guillermina.
Esta dulce dama, de pelo blanco, y que todavía conserva su figura delgada como cuando era jovencita, además de criar a sus hijos, también se dedicó por muchos años a su gran pasión, la costura, oficio que primero aprendió de su madre, la señora Dolores Goico.
Luego realizó un curso en una escuela de señoritas que había en la calle El Conde. A pesar de ser para mayores de edad, al ver su destreza y desempeño en el oficio le dieron la oportunidad de aumentar sus conocimientos.
“Me di buena en el oficio de la confección de prendas de vestir, incluso trabajé en el taller de costura de una tienda de una española que había en la Arzobispo Noel que se llama La Muñeca, donde cosían para las hijas de Ramfis Trujillo. Ellas llegaron a usar vestidos hechos por mí”, refiere con gran orgullo Lockhart de Rubio.
Ya en esta etapa de su vida, con 85 años, por motivos de salud ha tenido que abandonar casi por completo la costura y se dedica más a visitar la iglesia católica y aumentar su comunión con Dios.