San Francisco de Macorís, República Dominicana.– El suicidio es acto deliberado y voluntario con resultado letal. Proceso: la idea, alteración en la conducta y consumación. Los intentos sin éxito, pensamientos suicidas e ideación, se consideran parasuicidio. Ante cualquier señal, busca apoyo.


Septiembre ha sido fijado como el mes para la prevención del suicidio, específicamente el día 10, como Día Mundial del Suicidio por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a modo de concientizar y desestigmatizar el mismo.


Resulta un tema complejo y multifactorial en el que intervienen elementos psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales.

Alrededor de 800,000 personas cada año en todo el mundo logran consumar el suicidio resultando, aproximadamente, que sucede uno por minuto y aun no se discuten políticas públicas sobre el particular.

Aunque el tema es complejo, si realizáramos un ejercicio, a modo de ruta simple, que ilustre el proceso por el que pudiera pasar una persona hasta llegar a la consumación, seguro que en algún momento nos toparíamos con el factor culpa.  Podríamos inferir que todo se genera cuando nuestras acciones o pensamientos entran en conflicto y cómo las variables personales son influenciadas por las variables del entorno.

Estas variables se refieren al modo en que procesamos las cosas, conforme nuestras experiencias y aprendizajes durante el desarrollo, donde nos van enmarcando en lo que está bien y lo que está mal y por lo que recibimos estímulos gratificantes, como técnica operante, que trabajan para crear culpa y en función de ésta repetir la conducta o evitar la inconducta.

Podemos identificar algunos factores de riesgo con lectura de posibles alertas tempranas y fomentar o enseñar a ser resiliente, pero lo más importante es que cuando nos topemos con alguno de estos factores que mencionaremos a continuación, recurramos a un profesional de la conducta por apoyo.

Imagen de jamesoladujoye en Pixabay.

En el proceso del neurodesarrollo y enseñanza aprendizaje de nuestros hijos, vamos conociendo su comportamiento habitual y respuestas ante situaciones cotidianas.  Esta es el arma más poderosa con la que contamos para la prevención del suicidio.  En tal sentido, en cualquier caso, que notemos:

  • Cambios de humor repentinos o sin motivo aparente
  • Cambios en los patrones de sueño, en el apetito, en las respuestas a las responsabilidades asignadas (domésticas, escolares o de cualquier naturaleza)
  • Autoaislamiento repentino, recurrente o prolongado
  • Menciona, aparentemente jugando o solo por molestar, frases que sugieran autolastimarse
  • Expresiones “artísticas” (poemas, pinturas, canciones, bailes, etc) que sugieran el autocastigo
  • Cambios en su aspecto e higiene personal
Imagen de Mircea – See my collections en Pixabay.

La tarea es mantenerse atento, alerta y siempre presto a profundizar y conversar sobre el tema.  Por otro lado, debemos tener pendiente algunos elementos que pudieran actuar como desencadenantes y observar reacciones no esperadas ante situaciones latentes, como son:

  • Muerte de un ser querido
  • Divorcio de los padres
  • Historia de problemas de salud mental en el entorno cercano
  • Acoso
  • Rechazo
  • Consumo de drogas
  • Abuso
  • Eventos catastróficos o eventos traumáticos

Entre otras tantas, debemos prestar atención al entorno en que se desarrollan nuestros hijos y poner en práctica la herramienta más poderosa con la que contamos para la prevención de un suicidio: escuchar.  Escuchar a nuestros hijos cuando nos hablan y observarlos cuando no nos hablan.

Recuerde que es a usted a quien le corresponde comprender porque ya usted pasó por esa etapa.  Ellos no están en capacidad de comprender a los padres, pues no han llegado a esos niveles de madurez ni experiencia.  Fijemos normas, seamos claros, precisos, amorosos, comprensivos y pacientes.  Eso es lo que ellos esperan.

Artículo anteriorOscar Abreu y sus “Memorias de la piel”
Artículo siguiente45 años creciendo juntos por el turismo dominicano
Es co-fundadora del Instituto Regional Psicoeducativo Resil, con sede en San Francisco de Macorís, provincia Duarte, República Dominicana. Tiene curso de posgrado en Gestión Educativa y Magister en Dirección Estratégica de Recursos Humanos. Posee además un doctorado en Criminología, área en la que ha acumulado vasta experiencia dado su vínculo y trabajo como directora Académica de la Academia Regional Penitenciaria (ARP), institución que opera desde el territorio nacional para Latinoamérica y el Caribe, y de su participación en el proceso de estructuración y puesta en funcionamiento de los programas de tratamiento para la rehabilitación y reinserción de personas privadas de libertad (PPL´s) del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria de República Dominicana. Es profesora para nivel de maestría, está certificada como facilitadora y tutora virtual y ha sido conferencista en numerosos eventos internacionales.